Fragmento del libro

INTRODUCCIÓN

Desde hace mucho tiempo me siento fascinado por las peculiaridades del comportamiento humano.

Como estudiante de psicología, pasé horas en la estación de ferrocarriles King’s Cross de Londres acechando a las personas que acababan de encontrarse con su pareja a poco de haber descendido del tren. En el momento en que se hallaban unidos en un apasionado abrazo, me dirigía a ellos poniendo en marcha un cronómetro escondido en mi bolsillo y preguntaba:

—Discúlpenme, ¿les interesaría participar en un experimento psicológico? ¿Cuántos segundos transcurrieron desde el momento en que yo dije la palabra 'discúlpenme'...?

Mis resultados revelaron que la gente en forma mayoritaria no presta atención al paso del tiempo cuando está enamorada o, como alguna vez dijo Einstein, "Siéntate con una mujer hermosa durante una hora y te parecerá un minuto, siéntate sobre un horno caliente durante un minuto y te parecerá una hora; eso es la relatividad."

Mi interés por los aspectos más inusuales de la psicología continuó a lo largo de toda mi carrera. No soy el primer académico en sentirse atraído por esta forma de examinar el comportamiento humano. Cada generación de científicos produjo un pequeño número de investigadores que se han dedicado a estudiar lo extraño e inusual.

El inconformista científico victoriano Sir Francis Galton puede ser considerado el padre fundador de este enfoque y dedicó gran parte de su vida al estudio de temas inusitados. Él determinó objetivamente cuándo las conferencias de sus colegas eran aburridas midiendo subrepticiamente el nivel de impaciencia en sus audiencias, y creó un «mapa de la belleza» de Gran Bretaña caminando por las calles principales de las grandes ciudades con un contador en su bolsillo, registrando en secreto si las personas que pasaban a su lado eran guapas, medianamente bellas o feas (Londres fue catalogada como la mejor; Aberdeen, la peor).

El trabajo de Galton acerca de la eficacia del rezo generó más controversia. Su hipótesis era que si la oración realmente fuera efectiva, los miembros del clero, quienes sin duda rezaban más y con mayor intensidad que el resto, deberían tener una expectativa de vida más prolongada que los demás. Su extenso análisis de cientos de entradas en diccionarios biográficos reveló que los clérigos en realidad tendían a morir antes que los abogados y los médicos, lo que obligó a Galton, profundamente religioso, a poner en duda el poder de la oración.

Hasta la forma de hacer el té atrapó la atención de Galton, cuando dedicó varios meses a determinar científicamente la mejor manera de preparar la taza de té perfecta. Construyó un termómetro especial que le permitía controlar constantemente la temperatura del agua dentro de la tetera. Después  de muchas pruebas rigurosas, Galton concluyó que:

... el té tenía mucho cuerpo, sabor pleno y no era en absoluto amargo o desabrido... cuando el agua en la tetera se manteníaentre 82°C y 88°C y se dejaban reposar las hojas ocho minutos

Satisfecho con la minuciosidad de su investigación, Galton declaró orgullosamente:

—No existe otro misterio en la tetera.

En apariencia, las investigaciones de Galton acerca del aburrimiento, la belleza, el rezo y la forma de hacer el té parecen no tener relación. Sin embargo, son todas ejemplos excelentes y tempranos de una manera de abordar la investigación del comportamiento humano que he denominado 'rarología'.

Para decirlo en palabras simples, rarología utiliza métodos científicos para estudiar los aspectos más curiosos de la vida diaria. Este enfoque de la psicología fue afrontado por un pequeño número de precursores a lo largo de los últimos cien años, pero nunca ha sido reconocido formalmente entre las ciencias sociales. Estos investigadores han seguido los pasos de Galton, y han tenido el coraje de explorar los lugares donde los científicos seguidores de las corrientes principales tienen miedo de entrar.

Los académicos han:

* estudiado cuántas personas se requieren para iniciar la ola mexicana en un estadio de fútbol,

* desarrollado un gráfico de los límites máximos de la memoria visual al intentar que voluntarios recordaran  con certeza 10.000 fotografías,

* identificado las características de personalidad que se perciben en la fruta (los limones se perciben desagradables, las cebollas como estúpidas y las setas como trepadoras sociales),

* contado en secreto el número de personas que llevaban su gorra de béisbol de forma correcta o colocada al revés, con la parte de atrás hacia delante,

* permanecido a la salida de supermercados con huchas para donaciones de caridad midiendo ocultamente de qué manera las diferentes formas de pedir influyeron sobre la cuantía de las donaciones (decir simplemente «hasta un céntimo ayuda» casi las duplicó),

* descubierto que los dibujos de Santa Claus hechos por los niños van creciendo en tamaño al acercarse el día de Navidad, y luego se reducen en enero.

Durante los últimos veinte años, llevé adelante investigaciones igualmente extrañas acerca del comportamiento humano. Examiné los indicios que delatan a un mentiroso, exploré cómo nuestras personalidades están moldeadas por el mes de nuestro nacimiento, descubrí la ciencia secreta detrás de las citas rápidas y los anuncios personales e investigué qué es lo que el sentido del humor de una persona revela sobre los más profundos mecanismos de su mente. El trabajo requirió observar secretamente a las personas mientras hacían su tarea cotidiana, la realización de experimentos inusuales  en muestras de arte y conciertos musicales y hasta montar falsas sesiones de espiritismo en casas supuestamente embrujadas. Los estudios comprendieron a miles de personas en todo el mundo.

Este libro detalla mis aventuras y experimentos y también rinde homenaje a la investigación inusual llevada adelante por la pequeña banda de académicos abnegados que han sostenido la bandera «rarológica»  durante el último siglo.

Cada capítulo revela la psicología secreta implícita en los diferentes aspectos de nuestra vida, desde el engaño hasta la toma de decisiones, del egoísmo a la superstición. A lo largo del camino, encontraremos algunas de mis piezas favoritas de investigación, extrañas pero fascinantes. Experimentos que consistieron, por ejemplo, en detener el automóvil en los semáforos y medir la cantidad de bocinazos subsiguientes; estudiar por qué existe un número desproporcionado de biólogos marinos llamados doctor Fish [pez]; analizar secretamente la clase de personas que pasan más de 10 artículos por las cajas rápidas de los supermercados, pedir a personas que decapitaran ratas vivas con un cuchillo de cocina; descubrir si las tasas de suicidio están relacionadas con la cantidad de música country emitida por la radio a nivel nacional y probar, más allá de toda duda razonable, que el viernes 13 es malo para tu salud.

La mayor parte de la investigación que estás a punto de encontrar ha permanecido, hasta ahora, escondida en oscuras publicaciones académicas. El trabajo es ciencia seria y gran parte de él tiene importantes consecuencias sobre la forma en que vivimos nuestras vidas y estructuramos nuestra sociedad. Sin embargo, al contrario de la vasta mayoría de la investigación psicológica, estos estudios tienen cierta peculiaridad acerca de ellos mismos. Algunos utilizan los métodos que siguen las principales corrientes científicas para investigar temas inusuales. Otros utilizan métodos inusuales para investigar las cuestiones de las principales corrientes científicas. Todos ellos son el resultado de científicos del comportamiento, comportándose en forma incorrecta.

Que comience la rarología.



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