El experimento del apellido

Este artículo de Richard Wiseman fue publicado originalmente en The Daily Telegraph en 2007.

Es tan fácil como el abecé: ¿tu nombre puede afectar tu vida? Tan artificiales, o crueles, como pueden ser los nombres Brooklyn, Romeo y Cruz, la felicidad de los chicos Beckham puede estar garantizada por su apellido. No, como puedes pensar, porque sea un nombre famoso; si su padre se hubiese llamado David Wickham las cosas pudieron haber sido muy diferentes. Recientemente invité a los lectores del Telegraph a participar  en un experimento único para explorar si tu apellido influye en tu vida. Hubo una respuesta masiva, con la participación on line de 15.000 lectores.

Los resultados brindaron un fascinante conocimiento sobre un aspecto de la psique humana hasta ahora desconocido. Quise saber si las personas que llevan un apellido que comienza con una de las primeras letras del alfabeto eran más exitosas en la vida que aquellas con nombres cuyas primeras letras comienzan cerca del final del abecedario. En pocas palabras ¿los Abbots y Adams del mundo tienen más posibilidades de llevar una vida mejor que los Young y los York?

Investigaciones anteriores me dieron una buena razón para pensarlo así. El año pasado, los economistas Liran Einav de la Universidad de Stanford, California, y Leeat Yariv, del Instituto de Tecnología de California, en Pasadena, analizaron los apellidos de los académicos que trabajaban en los departamentos de economía de las universidades estadounidenses, y hallaron que aquellos con iniciales del principio del alfabeto tenían más probabilidades de encontrarse en los departamentos más prestigiosos, convertirse en miembros de la Sociedad Econométrica y hasta de obtener un Premio Nobel.

Al publicar sus hallazgos en The Journal of Economic Perspectives, argumentaron que tal «discriminación alfabética» probablemente se debiese a la convención de listar a los autores de artículos académicos publicados, en orden alfabético, con el resultado de que los profesores con apellidos próximos al comienzo del alfabeto parecieran ser más prominentes en su campo que sus pares relegados en el abecedario.

Me preguntaba si este mismo efecto se daría fuera del mundo de los economistas. Después de todo, ya sea en los registros escolares, en una entrevista laboral o en la sala de exámenes, las personas con apellidos cerca del comienzo del alfabeto suelen estar primero.

Dado que a menudo asociamos el principio de una lista con ganadores y el final con perdedores, ¿sería posible que todas estas pequeñas experiencias se sumaran y tuviesen un impacto a  largo plazo en nuestras vidas?

Se les pidió a todos los participantes del experimento del Telegraph que indicasen su sexo, edad, apellido y que calificaran cuán exitosos habían sido en varios aspectos de su vida, tales como salud, finanzas, carrera, y "la vida en general". Las puntuaciones  en todas estas categorías fueron sumados para obtener una "medida del éxito" total.

Los resultados revelaron que los lectores cuyos apellidos comenzaban con letras del inicio del alfabeto realmente se calificaron a sí mismos, en conjunto, como significativamente más exitosos que quienes tenían apellidos que comenzaban con letras humildes del final del abecedario.

El efecto del apellido era especialmente marcado cuando se trataba de la carrera profesional, lo que sugiere que la discriminación alfabética está vivita y coleando en el lugar de trabajo. Un dato interesante fue que este efecto también era más notable entre los hombres que entre las mujeres. Tal vez, por supuesto, esto pueda reflejar el hecho de que muchas mujeres cambian su apellido cuando se casan. Quizás las mujeres que estén considerando adoptar o no el apellido de su esposo deberían tener en cuenta las consecuencias alfabéticas, o elegir un verdadero hombre-Alfa en primer lugar.

¿Cuál puede ser la causa de este resultado aparentemente extraño? Un patrón en los datos nos brindó una pista importante.

El efecto del apellido era más pronunciado en grupos de gente de más edad, lo que sugiere que no se debía a experiencias infantiles, sino más bien que creció gradualmente durante nuestras vidas. Al parecer, la constante exposición a estar al tope o al final de la liga del alfabeto, la lista A o la lista Z, lentamente tiene un impacto sobre la forma en que la gente se ve a sí misma.

Nuevamente, como dije antes de realizar mi investigación de los apellidos, estudios pasados sugieren que ésta es una posibilidad real.

En 1999, Nicholas Christenfeld y sus colegas de la Universidad de California en San Diego encontraron evidencias que sugieren que las iniciales de una persona podrían afectar quizás el aspecto más importante de sus vidas: el momento de su muerte. Utilizando una gran base de datos de ordenador con certificados de defunción, identificaron personas cuyas iniciales formaban una palabra que sonara positivamente, tales como A.C.E. [as], H.U.G. [abrazo], y J.O.Y. [alegría], y aquellos que tenían connotaciones negativas, como P.I.G. [cerdo], B.U.M. [vago], y D.I.E. [muere]. Utilizando como controles parámetros como raza, año de fallecimiento y situación socio-económica, descubrieron que los hombres con iniciales positivas vivieron aproximadamente cuatro años y medio más que el promedio, mientras que los de iniciales negativas fallecieron alrededor de tres años antes.

Las mujeres con iniciales positivas vivieron unos tres años extra, si bien no hubo un efecto en detrimento de aquellas con iniciales negativas. Análisis posteriores sugirieron que quienes tenían iniciales negativas eran especialmente proclives a morir de causas psicológicas, tales como suicidios o accidentes auto-infligidos.

De manera que, ¿estos resultados debieran dar motivo de preocupación a quienes la inicial de su apellido cae entre las últimas letras del alfabeto?

Bien, por llamarme Wiseman (hombre sabio) y tener también una experiencia de toda la vida en aparecer cerca del final de las listas alfabéticas, me conforta un poco el hecho de que el efecto es muy pequeño. Pero, nuevamente, cuando miro a algunas de las personas más famosas del momento: Blair, Brown, Bush, Cameron, Branson, realmente me hace dudar.



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